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Peces de vidrio
Una angustia adolescente que no quería desaparecer, calles que sabían a muerte, relaciones ácidas y violentas. Los días eran pálidos. No tenía la oportunidad de flotar en la gran marea del mar extenso.
Mis lágrimas se agolpaban detrás de mis ojos al no ver coherencia en mi pobre lenguaje, en la crueldad de cada ser humano y de impotencia por las águilas de humo que intentaba describir.
Eran ganas de querer describirlas mientras estaba al lado de una ventana, con el sonido de los carros que dejaban un silencio inaudito, estresante y sin esperanza.
Hoy en día sigo con esa angustia pero sin las águilas de humo, que volaron y fueron reemplazadas por pequeños peces de vidrio que hacían lo imposible: volar.
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